¿Qué sabemos del pan?

¿Qué sabemos del pan?

Aunque el pan se consume desde hace siglos, a día de hoy es un alimento rodeado de falsos mitos que le han otorgado una reputación negativa. Desde Enrich queremos reflejar parte de estos mitos para mostrarte que el buen pan sigue siendo un producto natural que, con un consumo adecuado, contribuye a equilibrar nuestra dieta diaria.

Mito 1: El pan engorda.

Como bien indica el Gremio de Panaderos en su artículo, "el problema a menudo no es el pan como producto en sí mismo, sino con lo que se le acompaña". Hay productos mucho más calóricos que el pan. También hay que tener en cuenta el tipo de pan que consumimos. No es lo mismo consumir un pan artesano, que un pan industrial que contiene más azúcar y aditivos y por tanto, lo hace más calórico.

Aparte, un punto importante es la cantidad de pan que consumimos a lo largo del día. Tampoco es lo mismo consumir pan sólo en el desayuno que durante todas las comidas. 100 gramos de pan aportan unas 230 calorías, así que consumir pan en cada comida puede suponer ingerir unas 690 calorías cuando una persona necesita consumir entre 2.000 y 3.000 al día.

Como puedes ver, el pan puede formar parte de tu menú diario. Sólo hay que mantener un control de la cantidad que ingerimos y la calidad del pan, y seguir una dieta equilibrada.

Mito 2: La miga engorda más que la corteza.

¿Cuántas veces has escuchado que hay que extraer la miga del pan porque este no engorde tanto? Realmente, corteza y miga tienen los mismos ingredientes. La diferencia es que la corteza, durante la cocción, pierde su humedad durante el proceso de tostado y concentra más calorías (y nutrientes) que la miga a igualdad de peso.

Ahora que ya lo sabes, ¡no renuncies a ninguna de las dos! Tanto la corteza como la miga son elementos inseparables de un buen pan que le aportan texturas, aromas y matices.

Mito 3: Las tostadas o biscotes engordan menos que el pan de barra.

En la mayoría de dietas de adelgazamiento se sustituye el pan de barra por biscotes o tostadas. De esta manera es más fácil cuantificar y controlar su consumo. Aparte, las tostadas son más secas haciendo que sean más costosas de mascar y por tanto, se bebe más agua. Estos dos efectos aumentan la sensación de saciedad.

Pero de hecho, a igualdad de peso, la biscotes concentra muchas más calorías que el pan de barra. Y también hay que tener en cuenta que la mayoría de estos productos se les añaden grasas, azúcares u otros ingredientes para mejorar su sabor provocando que todavía sean más calóricos.

Mito 4: El pan integral engorda menos que el pan blanco.

Otra creencia errónea es que el pan integral engorda menos debido a la fibra que contiene. Es cierto que el pan integral contiene mayor cantidad de fibra que el refinado, pero el aporte calórico es el mismo.

La fibra nos aporta muchos beneficios, pero por sí misma no adelgaza. Facilita el tránsito intestinal, reduce la velocidad de absorción de los azúcares, contribuye a reducir las tasas de colesterol en sangre y retrasa el tiempo de vacío en el estómago reduciendo la sensación de hambre entre horas (que indirectamente implica una menor aporte calórico).

Mito 5: El pan, mejor sin gluten.

Actualmente, la eliminación del gluten de la dieta se ha establecido como una moda o un estilo de vida en personas que no padecen ningún tipo de intolerancia o sensibilidad. Esta práctica, si no hay ningún motivo médico que lo justifique, puede suponer un riesgo de desnutrición, sobre todo en niños.

Renunciar al gluten implica eliminar de la dieta una fuente primordial de hidratos de carbono y fibra, vitaminas del grupo B y minerales como el zinc y el hierro.

La corriente gluten free a menudo hace que muchas personas retiren el pan de su dieta pensando que aporta calorías vacías, pero no tiene sentido clínico suprimir unos cereales tan valiosos de la dieta mediterránea sin causa médica que lo justifique.

Mito 6: El pan caliente es mejor.

Sabemos que el olor que desprende una barra de pan tierna recién salida del horno, es irresistible. Pero seguramente, lo que no sabes, es que el pan caliente libera dióxido de carbono y se convierte en un antidigestivo que aumenta la mucosidad y genera desajustes intestinales en la flora bacteriana.

Recuerda que también es importante cómo se ha elaborado el pan. La masa madre de cultivo natural, genera la vitalización del pan. En cambio, la levadura del pan industrial tiene el efecto contrario. Este tipo de levaduras no permiten la inactivación de los anti-nutrientes del trigo (el ácido fítico) y esto provoca la reducción de asimilación de minerales como el hierro y el zinc.

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